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Entre el peligro y el riesgo hay un accidente: La importancia de las capas de control en la era moderna

Cada año, casi tres millones de personas mueren en todo el mundo como resultado de accidentes laborales y enfermedades relacionadas con el trabajo. Esta alarmante estadística de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicada en 2024, representa un…

Andreza Araújo

Cada año, casi tres millones de personas mueren en todo el mundo como resultado de accidentes laborales y enfermedades relacionadas con el trabajo. Esta alarmante estadística de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicada en 2024, representa un aumento del 12 % desde el año 2000, lo que evidencia que, a pesar de los avances tecnológicos y normativos, la seguridad laboral sigue siendo un desafío global crítico.

En la gestión de la seguridad laboral, comprender la diferencia entre “peligro” y “riesgo” es esencial para evitar que estas cifras continúen aumentando. El peligro es una condición con potencial de causar daño, ya sea una sustancia química, una actividad peligrosa o una máquina pesada. Sin embargo, ese peligro puede manifestarse de diferentes formas, dependiendo de tres factores principales que determinan cómo se transforma en un riesgo real para los trabajadores.

La anatomía del peligro: Fuente, situación y circunstancia

El peligro en la fuente se refiere al propio objeto o situación que puede causar daño, como una máquina sin protección adecuada o una sustancia inflamable. El peligro en la situación se relaciona con las condiciones en las que se presenta ese objeto o situación peligrosa, como la falta de mantenimiento de una máquina o la exposición prolongada a una sustancia nociva. Por último, el peligro en la circunstancia se refiere a las condiciones específicas en las que se realiza el trabajo, como el entorno que lo rodea o la presencia de factores agravantes, como calor excesivo, presión de tiempo o comportamientos inseguros.

Es precisamente entre el peligro y el riesgo donde surge la posibilidad de un accidente. Para reducir el riesgo de que ocurra, es fundamental que las organizaciones comprendan y gestionen estos tres aspectos del peligro. Aquí es donde entran en juego las capas de control, que mitigan el peligro en sus distintas formas y evitan que se convierta en una realidad fatal.

El modelo del “queso suizo” de James Reason: Un enfoque sistémico actualizado

La idea de las capas de control se basa en el principio de que no podemos depender de una sola barrera para evitar accidentes. El modelo del “queso suizo”, desarrollado por James Reason en 1990 y ampliamente reconocido hasta hoy, ilustra cómo los accidentes ocurren cuando múltiples capas defensivas se alinean a través de “agujeros”. Estos agujeros simbolizan diversas fallas o condiciones inseguras que pueden abrirse y cerrarse aleatoriamente.

El modelo distingue entre “actos inseguros”, que son acciones directas que provocan accidentes, y condiciones organizacionales latentes que pueden pasar desapercibidas, pero que contribuyen a esos actos. En 2024, este marco sigue siendo adoptado en sectores como el transporte, la salud pública y la ciberseguridad, y ha sido clave para analizar crisis sanitarias como la pandemia de COVID‑19.

Cada capa de control actúa como una defensa frente a los peligros en la fuente, en la situación y en la circunstancia, creando un sistema de seguridad más robusto. Al centrarse en la interacción entre distintos niveles de falla, el modelo promueve un enfoque sistémico de la seguridad, animando a los investigadores a ir más allá de los errores individuales y mirar los procesos organizacionales subyacentes.

Capas de control modernas: Más allá de las medidas tradicionales

Las capas de control contemporáneas incluyen medidas que van mucho más allá de los enfoques tradicionales. Las medidas de ingeniería como protecciones físicas en máquinas, sistemas de contención y aislamiento de sustancias peligrosas siguen siendo fundamentales.

La capacitación adecuada del personal permite que los trabajadores reconozcan y gestionen los peligros en sus diferentes manifestaciones, mientras que los procedimientos operativos estandarizados y revisados periódicamente garantizan que las situaciones y circunstancias laborales se supervisen y ajusten constantemente.

El uso correcto del equipo de protección personal (EPP) minimiza el peligro en circunstancias laborales específicas. Al combinar estas capas, es posible proteger a los trabajadores tanto de los peligros inherentes a la fuente como de los que surgen en las condiciones del entorno laboral.

Controles críticos: La columna vertebral de la prevención moderna

Entre las capas de control, los controles críticos son fundamentales y su gestión ha evolucionado significativamente en los últimos años. Son aquellos que, si fallan, tienen el mayor potencial de provocar un accidente grave o mortal. Por eso, identificar cuáles son y garantizar su monitoreo constante es esencial. Según las mejores prácticas de 2024, la gestión eficaz del riesgo crítico requiere que los riesgos sean claramente identificados, documentados, comunicados e implementados.

Los controles físicos o técnicos deben priorizarse antes que los controles procedimentales, y se deben asignar responsabilidades claras para cada riesgo y cada control. Un ejemplo de control crítico sería un sistema de ventilación en un área donde se manejan productos químicos peligrosos. Si ese control falla, las circunstancias (como un espacio cerrado) aumentan el riesgo de exposición al peligro en la fuente (productos químicos).

Por eso, su monitoreo continuo y funcionamiento impecable son imprescindibles. Los controles críticos no deben tratarse de forma superficial: requieren un análisis profundo de las fuentes de peligro y sus variaciones en las distintas situaciones y circunstancias del trabajo.

La realidad de los números: Por qué la prevención es urgente

Los datos más recientes muestran la urgencia de implementar sistemas de control robustos. De las 2,93 millones de muertes laborales anuales, sorprendentemente el 90 % se deben a enfermedades ocupacionales (2,6 millones), no a accidentes inmediatos. Esto demuestra que la mayoría de las fatalidades resultan de exposiciones prolongadas a peligros que podrían haberse controlado mediante capas de protección adecuadas.

Las disparidades son notorias: Los hombres tienen una tasa de mortalidad de 108,3 por cada 100 000 trabajadores, frente a 48,4 en el caso de las mujeres. La región de Asia‑Pacífico representa casi el 63 % de las muertes laborales globales, debido a su gran población trabajadora.

En Estados Unidos, las muertes laborales en 2022 alcanzaron las 5 486, mientras que los accidentes no fatales en el sector privado sumaron 2,8 millones. En la Unión Europea, se registraron 3 347 muertes en 2021, además de 3,2 millones de accidentes no fatales que provocaron al menos cuatro días de baja laboral.

Mentalidad de anticipación: La clave para mitigar riesgos en el siglo XXI

Para una prevención eficaz, es necesario adoptar una mentalidad de anticipación que vaya más allá de los enfoques reactivos. Muchas empresas siguen actuando de forma reactiva, respondiendo solo después de incidentes o casi accidentes. Un enfoque más seguro es anticiparse a los peligros y riesgos mediante cinco estrategias clave identificadas por expertos en 2024.

  1. Primero, es esencial identificar las brechas en el sistema de gestión de seguridad, analizar vulnerabilidades y desarrollar planes de mejora con plazos definidos.
  2. Segundo, verificar regularmente el marco de aseguramiento, asegurando que el “trabajo real” esté alineado con el sistema de gestión.
  3. Tercero, cerrar todas las recomendaciones de revisión dentro del plazo establecido, informando periódicamente al consejo directivo.
  4. Cuarto, contar con un sistema eficaz para la gestión del riesgo crítico, con riesgos claramente definidos, documentados y comunicados.
  5. Quinto, medir la eficacia del sistema mediante evaluaciones regulares y métricas de desempeño. Esta mentalidad parte del reconocimiento de que las fallas son inevitables en cualquier sistema.

La clave está en prever dónde y cómo pueden ocurrir y estar preparados para mitigarlas. También es inevitable el error humano, y en lugar de castigar los errores, debemos crear un entorno donde puedan detectarse y corregirse rápidamente antes de que se conviertan en incidentes graves.

Las variabilidades y los accidentes forman parte de la realidad del trabajo, que no siempre ocurre según lo previsto. Por ello, necesitamos defensas robustas capaces de absorber esas variaciones sin comprometer la seguridad.

Sectores de alto riesgo: Lecciones aprendidas

Los datos europeos revelan diferencias significativas entre sectores. La construcción y la manufactura son responsables del mayor número de accidentes laborales, tanto fatales como no fatales, debido a los riesgos físicos inherentes a sus tareas diarias. Las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) enfrentan mayores riesgos debido a sus recursos limitados para capacitación y equipos. También existen disparidades regionales: países del Este europeo presentan tasas de accidentes más altas, mientras que en Europa Occidental, con regulaciones más sólidas, las fatalidades son menores.

Construyendo una cultura de seguridad resiliente para el futuro

Crear una cultura de seguridad resiliente implica un compromiso constante con la anticipación y el control de peligros, riesgos y variabilidades. Es esencial que líderes y empleados comprendan la naturaleza dinámica del entorno laboral y adopten un enfoque integral que abarque todos los tipos de control. Una cultura de seguridad eficaz promueve el diálogo continuo sobre peligros y riesgos, alentando a todos los niveles de la organización a identificar y reportar cambios en el entorno.

La formación periódica sobre peligros específicos permite a los trabajadores reconocer riesgos en la fuente, situación y circunstancia, y tomar las medidas necesarias. El monitoreo y la mejora continua de los controles garantizan que los controles críticos se revisen y actualicen con regularidad, adaptándose a los cambios en procesos y condiciones de trabajo. Esto va más allá de simples “listas de verificación” y exige identificar lo que no se está haciendo, llenando vacíos mediante auditorías eficaces, interacciones de campo y observaciones de la alta dirección.

Responsabilidad legal y ética: Un nuevo paradigma

En 2024, la responsabilidad por la seguridad laboral alcanzó un nuevo nivel. Los consejos directivos y ejecutivos tienen ahora un deber legal, bajo las leyes de salud y seguridad, de garantizar que la empresa cumpla con sus obligaciones, conocido como “deber de diligencia”.

Más aún, los ejecutivos se enfrentan a penas de prisión por homicidio industrial, y sentencias recientes indican que los directores están más expuestos a responsabilidades personales. Esto significa que la gestión de la seguridad ya no es solo una cuestión operativa, sino una responsabilidad estratégica que exige atención al más alto nivel organizativo. Todos los riesgos y controles deben revisarse con regularidad, y también inmediatamente después de incidentes graves, procesos críticos o advertencias regulatorias.

Conclusión: Transformar estadísticas en acción

Entre el peligro y el riesgo hay un accidente que puede evitarse si adoptamos un enfoque estructurado y proactivo basado en capas de control modernas. Reconocer el peligro en sus diversas formas en la fuente, en la situación o en la circunstancia e implementar controles críticos son pasos indispensables para reducir la probabilidad de un incidente. Las cifras hablan por sí solas: tres millones de muertes y 395 millones de lesiones no fatales al año no son solo estadísticas, son familias destruidas, comunidades afectadas y potencial humano perdido.

Con una mentalidad de anticipación que considera errores, fallas y variabilidades, podemos transformar el entorno laboral en un lugar más seguro y resiliente. Al final, la seguridad no depende de acciones aisladas, sino de un esfuerzo colectivo y constante para garantizar que el peligro no se convierta en una catástrofe. Con las herramientas, el conocimiento y las obligaciones legales de 2024, tenemos la oportunidad de revertir estas alarmantes tendencias y crear lugares de trabajo verdaderamente seguros para todos.

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