Comenzamos abril, un mes que no puede pasar desapercibido para quienes viven la seguridad de manera profunda. El 28 de abril, el mundo se vuelca al Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, fecha que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) pasó a celebrar internacionalmente para promover la prevención de accidentes y enfermedades ocupacionales [1]. Esta movilización global dialoga con una memoria anterior del movimiento de los trabajadores, también realizada el 28 de abril, orientada a rendir homenaje a las víctimas de accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo.
Pero el 28 de abril no es solo una fecha en el calendario. Es un llamado a la conciencia.
Cuando recordamos que este día existe para honrar a las víctimas del trabajo, deja de ser una agenda institucional y pasa a ser una convocatoria moral. Porque detrás de cada número hay un nombre. Detrás de cada estadística hay una familia. Detrás de cada accidente hay una ausencia que nunca volverá a llenarse. Los datos más recientes de la OIT revelan una realidad alarmante: casi 3 millones de personas mueren anualmente debido a accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo [2]. Cada 15 segundos, un trabajador pierde la vida como consecuencia de sus actividades laborales [3].
Fue por eso que mi conexión con este día adquirió otra dimensión cuando estuve en West Virginia, conociendo de cerca la historia de la Mine No. 9, en Farmington. En la madrugada del 20 de noviembre de 1968, una violenta explosión mató a 78 mineros [4]. La tragedia, marcada por negligencias corporativas y sistemas de seguridad desactivados, se convirtió en un hito en la historia de la seguridad minera en los Estados Unidos. La conmoción nacional impulsó cambios legales sin precedentes, culminando en la aprobación de la Federal Coal Mine Health and Safety Act de 1969, que estableció inspecciones rigurosas y multas por infracciones, transformando para siempre la protección de los trabajadores [5].
Estar allí no fue solo una experiencia técnica. Fue una experiencia profundamente humana.
No se visita un lugar como ese únicamente con los ojos de una ingeniera. También se visita con el corazón de una hija, con la sensibilidad de una madre, con la responsabilidad de una profesional que eligió dedicar su propia vida a la construcción de entornos más seguros. Hay lugares que no solo cuentan una historia, sino que nos confrontan. Y la Mine No. 9 me confrontó con algo muy simple y muy poderoso: la seguridad no es un discurso, la seguridad es consecuencia de elecciones, omisiones, prioridades y valentía.
Ese suelo cargado de memoria me recordó que la seguridad solo tiene sentido cuando deja de ser una exigencia externa y pasa a ser una convicción interna. Cuando se siente, y no solo se repite. Cuando toca al individuo antes de llegar al indicador. Cuando alcanza la conciencia antes de aparecer en el procedimiento.
Tal vez una de las mayores trampas del área de seguridad sea creer que ya hemos visto lo suficiente, que ya sabemos lo suficiente, que ya entendimos todo lo que necesitaba ser comprendido. No. Quien actúa en seguridad necesita llevar una mentalidad de aprendiz. Necesita reconocer, con humildad, que aún hay dolores que no ha vivido, historias que no ha escuchado, realidades que todavía no ha conocido. Y es precisamente esa postura la que nos mantiene vivos por dentro, atentos, sensibles, vigilantes y abiertos.
Porque la verdad es esta: no lo sabemos todo. Aún no lo hemos vivido todo. Y justamente por eso, necesitamos seguir aprendiendo.
El 28 de abril nos recuerda que la seguridad no puede ser tratada como una rutina burocrática ni como un tema circunstancial. Necesita ser vivida como una responsabilidad ética. Como respeto por la vida. Como un compromiso innegociable con quien sale de casa para trabajar y merece regresar.
Hoy, al mirar esta fecha, la veo con más profundidad que antes. Veo a las víctimas. Veo a las familias. Veo los silencios dejados por tragedias que podrían haberse evitado. Y veo también nuestro deber: transformar la memoria en conciencia y la conciencia en acción.
Por eso, en este mes de abril, quiero invitarte a conocer el trabajo que desarrollé a partir de la Mine No. 9. No solo para revisitar un accidente histórico, sino para reflexionar sobre lo que este día realmente significa. Porque la seguridad de verdad, para transformar, primero necesita ser sentida.
Y tal vez sea exactamente ahí donde todo comienza.
¡Hasta la próxima!
Andreza Araújo
Referencias
[1] Organización Internacional del Trabajo (OIT). “Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo”. Disponible en: https://www.ilo.org
[2] Organización Internacional del Trabajo (OIT). “Casi 3 millones de personas mueren debido a accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo”. 2023.
[3] ECOcalendar. “April 28 - World Day of Safety and Health at Work”. 2025.
[4] Mine Safety and Health Administration (MSHA). “Mine Disaster: 1968 Farmington Explosion Anniversary”.
[5] United States Department of Labor. “Federal Coal Mine Health and Safety Act of 1969.”






